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martes, enero 27, 2026

¿Por quién doblan las campanas en Pahuatlán?

¿Por quién doblan las campanas en Pahuatlán?

A: Magaly, Tania, Marlene y Alfredo

Hay luto en la literatura de la sierra norte de Puebla.

Cuando alguien escribe para describir las memorias del pueblo que le vio nacer y con ello hacer honor a varios lugareños pahuatecos como aquel icónico cohetero de uno de sus relatos que murió en uno de esos lugares donde hasta la fecha se fabrican los cohetes que adornan las fiestas decembrinas, las fiestas del pueblo y que alumbran con un torito las calles de este empedrado paradisiaco lugar denominado pueblo mágico, el cual era antes de cualquier nombramiento. Cuando alguien como Juan Manuel dejó parte de su alma por el bien de su pueblo cuando fue alcalde de ese lugar y albergó esperanzas de cientos de campesinos que ansiaban voltearan a verlos, él tomando el azadón, el machete se iba a las faenas a motivar a los pueblos por avanzar en su afán de tener mejores escuelas, mejores caminos, etc.

Se apagó una pequeña vela de los cientos que han tomado el bolígrafo, la maquina de escribir y más aún en la modernidad las computadoras, para con esa noble tarea dejar huella y sus herederos sepan de ese afán por dejar lo vivido plasmado en un libro o más, que no es una tarea fácil.

Quienes le conocimos, tratamos, supimos de qué madera estaba hecho.

Recuerdo cuando del comité ejecutivo nacional del sindicato de trabajadores del Instituto Mexicano del Café INMECAFE con sede en Xalapa, me comisionaron por unanimidad para ir a respaldar su candidatura a la presidencia municipal, acudí con toda la responsabilidad y solidaridad para en un mitin sin precedentes hicimos patente ese respaldo de una organización que tenia una gran presencia en le izquierda mexicana de ese entonces. Quien iba a pensarlo después de algunos años él también fue dirigente sindical.

Ya en su papel de escritor fui invitado para estar en su presentación en Cholula. Hipócrita lector fue la editorial que dio a luz a su libro. Modestamente me tocó conducir ese programa, aderezado con mezcal, tamales de hollejo, pan, café y con la presencia de la talla de la escritora Beatriz Meyer y obviamente el director Mario Alberto Mejía.

Como en toda relación de camaradas hay sabores y sinsabores, afinidades y desavenencias, de estas ultimas las pudimos solventar. Él se fue en paz, yo me quedé tranquilo. Que vuele alto el amigo escritor.

 

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