El Gobierno de Irán asegura haber restablecido el control tras semanas de manifestaciones masivas en múltiples ciudades, las cuales representaron uno de los mayores retos internos desde la revolución de 1979. Según cifras oficiales, 3.117 personas perdieron la vida, un número significativamente menor al reportado por grupos independientes de derechos humanos.
El fiscal general del régimen declaró que “la sedición se ha acabado”, y agradeció a quienes ayudaron a contener las protestas. Los balances oficiales señalan que 2.427 de los fallecidos eran civiles o miembros de las fuerzas de seguridad, mientras que el resto, según Ali Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, correspondía a “terroristas, amotinados y atacantes de bases militares“. Organizaciones como HRANA estiman que los muertos podrían superar 4.900.
La Fundación de Veteranos y Mártires de Irán indicó que entre las víctimas hubo transeúntes asesinados a tiros y manifestantes que fueron blanco de disparos de agentes infiltrados. Las autoridades iraníes responsabilizan de la violencia a mercenarios supuestamente apoyados por Estados Unidos e Israel.
Para contener la crisis, el Gobierno implementó un apagón de internet total y desplegó una fuerte represión, que Amnistía Internacional calificó de “masacre”, señalando disparos desde edificios, mezquitas y comisarías contra manifestantes desarmados. Desde finales de diciembre, las protestas comenzaron por la crisis económica y la devaluación del rial, y se intensificaron los días 8 y 9 de enero, con más de 26.500 detenciones registradas por HRANA.
Actualmente se percibe una calma tensa en el país, con tiendas y escuelas reabriendo bajo vigilancia policial. El Gobierno anunció que próximamente levantará el apagón de internet, aunque sin establecer fechas.
En el plano internacional, el ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchi, advirtió que Irán respondería con fuerza ante cualquier ataque militar estadounidense. Por su parte, Donald Trump, desde Davos, declaró que espera evitar bombardeos, aunque mantiene la opción de actuar si se reanuda el programa militar de Teherán. Mientras tanto, Estados Unidos ha enviado cazas F-15 y un portaaviones a la región, evaluando posibles medidas militares.

