Para el momento que este usted leyendo este escrito, estará Donald Trump hablando en el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, quizás hablando de la democracia y la grandeza de USA a sus ex socios presidentes y ministros europeos y del mundo, que hoy por hoy ya no le creen nada.
Con la foto que compartio Donald Trump ayer en sus redes sociales, el eslogan Make America Great Again hoy toma sentido más como un claro gandallismo extensionista que como desarrollo económico real de EE.UU. En su regreso al poder, Donald Trump ha convertido este eslogan en una hoja de ruta para redefinir la política exterior de Estados Unidos bajo una lógica clara: la grandeza se impone o se roba, pero no se negocia. Detrás del lenguaje de seguridad nacional y prosperidad económica, emergen prácticas que recuerdan viejas doctrinas y acciones imperiales de invasión, robo y toma de territorios, ahora adaptadas al siglo XXI.
Desde América Latina hasta el Ártico, la estrategia es consistente: presión económica, amenazas diplomáticas, control y robo de recursos estratégicos y una narrativa que normaliza la invasión y subordinación de otros países a los intereses de Washington.
Venezuela: soberanía condicionada y petróleo como botín
El caso venezolano representa el rostro más clásico de este nuevo imperialismo. Las sanciones económicas y la intervención no buscan únicamente un “cambio de régimen”, sino instalar el dominio estadounidense sobre las mayores reservas petroleras del mundo.
Bajo Trump, la política hacia Venezuela es clara y el mensaje es inequívoco: la soberanía no es tema cuando los recursos estratégicos benefician a EE.UU.
Groenlandia: cuando el territorio vuelve a ser mercancía
La insistencia de Trump en invadir y tomar Groenlandia —territorio autónomo bajo soberanía danesa— marcó un punto de quiebre en la diplomacia occidental. Más allá de lo anecdótico, la propuesta reveló una mentalidad profundamente colonial: territorios estratégicos pueden presionarse o forzarse y tomarse.
Groenlandia no es solo hielo. Es ubicación militar, minerales críticos y control del Ártico. La amenaza de aranceles y la presión sobre aliados europeos evidencian una lógica donde incluso los socios históricos pueden ser tratados como obstáculos si se interponen al interés estadounidense.
Canadá: la hegemonía disfrazada de broma
Las declaraciones de Trump sobre Canadá como un eventual “estado 51” fueron presentadas como provocaciones retóricas. Sin embargo, en política internacional, las palabras también construyen realidad. La idea de anexión simbólica refuerza una visión hemisférica donde Estados Unidos se asume como centro natural del poder, y sus vecinos como extensiones funcionales de su seguridad y economía.
Cuba: el castigo como forma de control
En el Caribe, Trump optó por volver a la política de la mano dura. El reforzamiento del embargo y las restricciones buscan asfixiar económicamente a Cuba con la esperanza de provocar un colapso político interno. No hay tanques ni desembarcos, pero sí un cerco económico que condiciona el desarrollo de toda una nación.
Este tipo de presión elimina gobiernos como paso con Panamá cuando EE.UU. le quito el territorio a Colombia el 3 de noviembre de 1903, lo independizo, nombro a Panamá un nuevo país, tomo el control de ese territorio e hizo ahí un canal para el beneficio comercial de EE.UU. por más de 100 años, una lógica imperial moderna.
Conclusión: la Doctrina Monroe, versión siglo XXI Doctrina Trumproe
Lo que une a Venezuela, Groenlandia, Canadá y Cuba no es la geografía, sino la reaparición de un imperialismo supremacista antiguo: Estados Unidos como árbitro del destino ajeno que se cree el papá de los pollitos. La Doctrina Monroe, que alguna vez justificó intervenciones en nombre de la estabilidad, regresa ahora con un lenguaje más crudo y menos diplomático.
Para los seguidores de Trump, estas acciones representan liderazgo y firmeza. Para sus críticos, son la evidencia de que Make America Great Again significa, en realidad, hacer a Estados Unidos más gandalla y robar recursos económicos a costa de la soberanía, la invasión y toma de los territorios de otros países.
Gracias por leernos, su amigo Daniel H. Conde


