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martes, enero 13, 2026

Los presos venezolanos que se enteraron una semana después de la caída de Maduro

Los presos venezolanos que se enteraron una semana después de la caída de Maduro

Publicado originalmente por Jacobo García Enviado Especial en El País, compartimos este reportaje por su relevancia e interés periodístico:

Los detenidos bajo régimen de aislamiento recibieron la noticia durante la visita semanal de sus familiares.

El mundo entero ya había visto en tiempo real a Nicolás Maduro entrando esposado a un tribunal de Nueva York, pero miles de venezolanos seguían creyendo que él y la primera dama, Cilia Flores, aún estaban al frente del país. El mundo sabía también que Maduro se había declarado prisionero de guerra, que Delcy Rodríguez había asumido como presidenta encargada y que Diosdado Cabello patrullaba las calles de Caracas para evitar disturbios. Pero para los venezolanos aislados en cárceles y calabozos, el país seguía siendo el mismo.

Se trata de presos políticos y comunes recluidos en prisiones como El Rodeo, El Helicoide o los calabozos de El Llanito. Sin teléfonos, radios, televisores ni periódicos, se enteraron de la noticia una semana después de que lo hiciera el planeta. Creían que todo seguía igual hasta que el viernes y el sábado llegaron las visitas familiares y, con ellas, las primeras informaciones sobre lo sucedido durante la semana más convulsa desde que el madurismo llegó al poder, en 2013.

Una mujer joven, que prefiere que no aparezca publicado su nombre para evitar represalias, llegó, como todos los sábados por la mañana, a El Rodeo 1 con un paquete de alimentos y una noticia para su hermano bajo el brazo. A pesar del vidrio y de que él llegó encapuchado a la sala de visitas, pudo decirle: “Ya no está Maduro, se lo llevaron los gringos y allá lo van a juzgar. Ahora Delcy es la nueva presidenta”.

Los ojos de su hermano, uno de los 145 presos políticos de El Rodeo, se abrieron como platos, recuerda. “Ahí entendió realmente lo que había pasado, aunque ya sabía algo, porque la noche anterior escuchó gritos de alegría en algunas celdas cercanas, de presos que habían recibido visitas un día antes”. Sin embargo, hasta ese momento solo tenía la intuición de que algo grave había ocurrido el fin de semana anterior, aunque sin detalles. “Oyeron los aviones, las explosiones, más aviones…”, dice. Después llegó el silencio y, más tarde, las visitas familiares. Cuando se lo contó, dos custodios vigilaban la conversación de cerca. “Se emocionó y soltó un waaou tan feliz que enseguida el uniformado les llamó la atención: ‘Si siguen así se termina la visita ahora mismo’”, recuerda.

“No hay contacto entre los presos, pero después de una noticia así suelen comunicarse gritando de una celda a otra, aportando detalles”, explica su hermana por teléfono.

Evitar cualquier muestra de alegría que pudiera traducirse en protestas o celebraciones públicas ha sido uno de los principales temores del Gobierno, que emitió para ello un decreto de “conmoción”. El texto permite a la policía “emprender de manera inmediata la búsqueda y captura en todo el territorio nacional de toda persona involucrada en la promoción o apoyo del ataque armado de Estados Unidos contra el territorio de la República”. Desde entonces, celebrar públicamente la captura de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, se ha convertido en lo más cercano a un delito en Venezuela.

El decreto autoriza a las autoridades a limitar garantías como las de reunión, manifestación y libre tránsito durante 90 días, prorrogables. Hasta el momento se ha informado de cinco detenciones por “celebrar el secuestro del presidente Maduro”. Dos personas fueron detenidas por disparos al aire y otras tres fueron arrestadas por mensajes publicados en redes sociales. A una joven incluso la obligaron a disculparse públicamente y la policía difundió un video en el que aparece esposada y acompañada por dos agentes. “Señor presidente Nicolás, pasó por aquí a dejar este video con la función de arrepentirme de un video que publiqué hace unas horas…”, dice en la grabación.

De nada de esto se había enterado tampoco otro preso acusado de homicidio al que su madre, que también prefiere no publicar su nombre, fue a visitar a los calabozos del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) de El Llanito, en Petare, Caracas. “No se lo creía. ‘¿Es en serio, mamá?’, me preguntaba”. “Yo le conté lo de la invasión y que habían secuestrado a Maduro, porque él no sabía nada”, dice la mujer desde Petare. Durante los 15 minutos que tiene cada dos semanas para ver a su hijo, recuerda que le dijo que las cosas estaban cambiando rápido en el país. “Pero no lo vi contento. Creo que se preocupó, igual que yo. Estamos algo asustados”, añade.

Esta madre se emociona al recordar el bombardeo estadounidense sobre Caracas. “Fueron horas de miedo al escuchar los aviones. Yo no jalo ni para aquí ni para allá, pero pensaba en las noticias que había visto de bombardeos parecidos en Israel o en Irak”, dice sobre las dos horas en las que los aviones estadounidenses destrozaron el suelo caraqueño.

Los más de 67.200 presos que hay en el país, según datos del World Prison Brief y del Observatorio Venezolano de Prisiones, han sido los últimos en enterarse de una semana de infarto que, dentro de las cárceles venezolanas, llegó en cámara lenta.

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