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viernes, septiembre 30, 2022
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Mujeres

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Muchos mexicanos pensaron que la propiedad, la apropiación y, por lo mismo, la dirección de la sociedad nacional debería ser solo para varones. Esa era la tradición y el orgullo de un país donde los “machos, machos” han ido desapareciendo.

Son los efectos de una cultura cada vez más abierta a valores que en la responsabilidad colectiva eran poco significativos. Son necesidad en el esfuerzo global y en su productividad de una razón cada vez más incluyente de quienes, hasta se pensó, era correcto fueran sumisas y obedientes.

Ninguno, se cree ahora, debe ser omiso en su contribución a la producción social y, por lo tanto, nadie debe estar ausente de las decisiones que incluyen a todos.

El vertiginoso reconocimiento al papel social de las mujeres es, por tanto, una tarea que ellas mismas han promovido y resuelto y no por las marchas escandalosas. Siempre por las realidades y aciertos demostradas en la vida de todas las familias.

De la participación simbólica, en México, hemos pasado a la intervención real como estrategia de igualdad y paridad entre géneros y como acción general de distribución de responsabilidades. No es concesión gratuita.

No es una sociedad de mandilones la que nos ha hecho reconocer y compartir.  Ha sido la fortaleza de aceptar condiciones reales, en una comunidad nacional en la que de cada tres familias en dos no existen maridos.

Decisiones, acciones y audacias de las mujeres como acierto en la toma de decisiones nacionales se reconocen, ahora, como vitales para la salud colectiva.

A pocos extrañaría y a muy pocos espantaría reconocerlo.

Por eso, pensar que una mujer pudiera ser la siguiente presidenta nacional, no es ni lejano, ni loco, ni ejercicio estéril ni broma irresponsable.

Varias encuestas recientes, de unos días apenas, muestran que las preferencias de los electores y las electoras mexicanas han logrado rebasar la mitad más uno de los posibles votos para una mujer presidenta y, en la teoría de la democracia mexicana, esa es la única razón para ganar una elección presidencial.

Con todo, estamos lejos del ideal de una participación y liderazgo femenil como fundamento de una sociedad que se garantiza así misma su sustentabilidad.

Ya se logró, por primera vez, la paridad en la representación nacional.  Se aprecian los esfuerzos paritarios en todos los órganos de gobierno, municipales, estatales y federales.

Para esta elección que ya ha comenzado y que se resolverá el primer domingo de junio del 2024, están y se siguen construyendo las condiciones que favorezcan las candidaturas femeninas y se continúa abandonando las políticas forzosas de cuotas de género, para pasar a las cuotas de voluntad conveniente. Esta evolución es muy importante en las decisiones colectivas y en la transformación de la naturaleza política mexicana y, en ella ha tenido mucho que ver los resultados de las mujeres políticas a cargo de puestos públicos.

Esta elección es ya el reto más importante para las mujeres como sector que, deliberadamente, también han decidido ir por los puestos que les corresponde.

Las dos primeras candidatas a la Presidencia de la República están ya a la vista y al escrutinio de todos, partidarios o no de sus organizaciones políticas.

Claudia Sheinbaum Pardo es posible sea la candidata de la alianza de Morena, Verde Ecologista y Partido del Trabajo.

Beatriz Paredes Rangel es posible sea la candidata de una nueva alianza en la que PRI y Movimiento Ciudadano pudieran dar la sorpresa de ir juntos.

Es difícil sostener ahora la alianza electoral del PAN, con el PRI.

Los priistas buscan sobrevivir y han optado, está visto, por el camino de la cordura, la inteligencia y la sensatez para lograrlo.  Su posibilidad está en el esquirolaje contra sus antiguos compañeros de aventura electoral.

Y si se trata de esquirolaje que mejor que ir de la mano con los profesionales de esta estrategia, que además está demostrado a Movimiento Ciudadano le ha dado mejores espacios y cargos de elección popular, con eso de abanderar una  “autonomía electoral”  y una “independencia política” que dista mucho de ser tan real como lo presumen.

Y estas dos posibilidades están empujando a los demás partidos políticos a pensar en la razón femenina de su participación electoral. Y estas dos posibilidades han modificado, nadie puede negarlo, la elección presidencial actual.

Hay que irnos acostumbrando.  Las decisiones de la sociedad nacional, no tienen porque ser diferentes a las que, hasta ahora, gestan las decisiones de las familias mexicanas.

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