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jueves, enero 6, 2022
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Un alcalde muy pillo

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Guillermo Velázquez Gutiérrez era un presidente municipal llamado a tener mucho éxito en la política. Hasta hace no mucho, los astros se habían alineado a su favor: gozaba de la generosidad del epicentro del poder en Puebla, había sido ungido como el interlocutor válido del panismo con la 4T poblana, era un punto de equilibrio entre diferentes grupos al interior de su partido y, sobre todo, era alguien visto como un gallo para 2024.

Incluso, antes de llegar a la privilegiada condición que tuvo como presidente municipal de Atlixco, peleó con firmeza la candidatura a la gubernatura para la elección de 2019. No se concretó porque los panistas se inclinaron por un insípido docente llamado Enrique Cárdenas Sánchez. La medida, sin embargo, le granjeó respeto, juego político e influencia.

Ya como alcalde, Memo Velázquez se rodeó de un grupo de panistas inteligentes y operadores con oficio político. Los dos primeros años fueron muy favorables para su figura. Pero algo pasó al iniciar el tercer año de su gobierno. Literal: sus amigos lo perdieron. Al político mesurado lo sustituyó un hombre de excesos; al gobernante equilibrado lo pisoteó un edil casado con el patrimonialismo y el uso faccioso de recursos. El hombre que tendía a tender puentes también desapareció para dar paso a un sujeto en pie de guerra, adicto al conflicto. Al amigo generoso lo mandó al infierno y permitió la llegada de un tipo soberbio, hinchado de poder, intolerante, autoritario.

Ese peligroso cultivo de personalidades terminó por pasarle la factura. Una factura inmisericorde, aplastante, letal. Primero, Memo Velázquez se quedó con las ganas de imponer al candidato a la diputación federal por el Distrito 10 de Cholula. En ese lugar fue impuesto Humberto Aguilar Coronado. También vio cómo el candidato a diputado local era alguien ajeno a su grupo. ¿La razón? Nunca entendió que el pastel debía ser repartido entre todos y si quería que todos se sumaran debían darle juego con algunas posiciones.

Velázquez Gutiérrez pensó que su cercanía con la dirigencia estatal del PAN le granjería impunidades y excesos. Cuando se dio cuenta que no iba a ser posible se quedó rumiando su enojo y se atrincheró en sus aspiraciones reeleccionistas. Como era de esperarse, la campaña fue un desastre. Sus antiguos operadores ya no estaban, muchos sectores a los que había agraviado le dieron la espalda, sus antiguos aliados dejaron de verlo con respeto.

En su soledad, el edil de Atlixco vio con pavor lo que nunca imaginó: Perder la reelección. ¿Cómo era posible que la gente no quisiera su continuidad si era el mejor alcalde que han tenido?

A partir de su derrota, el panista se sumió aún más en los rincones más oscuros de la personalidad que dejó que lo poseyera. Todo se fue a la borda, pero olvidó cuidar lo más importante: cuadrar números, estados financieros, limpiar lo que tenía que limpiar en el uso de recursos públicos. Hoy sabemos, por ejemplo, que enfrenta una investigación por el posible desfalco de 63 millones de pesos, de acuerdo con los resultados de la entrega-recepción.

Pero eso no es lo peor. El nuevo escándalo del exalcalde ha sido montar una oficina, con el apoyo de su extesorero Arturo Montiel, que hacen pasar como una oficina para atención y respuesta a todas las observaciones que recibieron del proceso de entrega-recepción.

Lo que muy pocos saben es que desde ese sitio también comenzaron una estrategia para cobrar el diezmo de obras inconclusas. Así como lee.

La trama no tiene desperdicio: el exalcalde y su esbirro integraron una lista de constructoras y empresarios que mantienen retrasos en la ejecución de obra contratada por su administración. Al detectar la anomalía, entonces, buscan al responsable, le advierten que puede ser inhabilitado, pero a cambio del 10 por ciento del monto de la obra se comprometen a negociar ante quien sea necesario su exoneración. El negocio es redondo porque por una obra obtendrían dos diezmos: el inicial y el de ahorita.

El asunto no queda ahí. La intimidación y acoso que inició contra varios empresarios desató la ira de muchos, quienes están dispuestos a ir a las últimas consecuencias con tal de frenar al exedil.

Otro problema que enfrenta Velázquez Gutiérrez es que habría sido descubierto otro modus operandi para desviar recursos de una manera fácil y sencilla en su gestión: la supuesta realización de proyectos y capacitaciones que eran pagadas en tiempo y forma, pero nunca se llevaban a cabo o se simulaba su ejecución.

Y, bueno, a todo esto hay que sumar la investigación que sigue la Unidad de Inteligencia Financiera del Sistema de Administración Tributaria contra Arturo Montiel y Norma Gil Jiménez, exdirectora de Contabilidad municipal. De acuerdo con el periodista Arturo Luna, la UIF tiene en la mira a ambos exfuncionarios por presuntamente expedir “pagos a empresas factureras provenientes de holdings” que el organismo detectó como parte de las redes de evasión fiscal en el país; así como por “el ejercicio opaco de los rendimientos de las cuentas gubernamentales por concepto del Fortamun”.

Sin duda, la historia del exedil que prometía mucho en el mundo de la política seguirá dando de qué hablar, pero ¿será que sus días de libertad los tenga contados?

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