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viernes, septiembre 30, 2022
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El escándalo que viene

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Cada vez que dialogo con el gobernador Miguel Barbosa Huerta siempre da carnita, como se dice en los ámbitos periodísticos.

El formato de nuestras conversaciones —más que entrevistas, son conversaciones las que hemos tenido— permite cosas inéditas.

Por ejemplo: que él me haga preguntas a la mitad de una de las mías.

Y no sólo eso: a veces me increpa o me cuestiona.

(Valga el anglicismo).

Eso dota a nuestras charlas de un peculiar morbo que al espectador le agrada, lejos de irritarlo.

A mí también, faltaba menos.

Y no se diga a él.

Por eso nuestras conversaciones son maratónicas.

Digamos que nos gusta este ejercicio tête-à-tête (frente a frente), mismo que no se puede llevar a cabo si hay un reloj de por medio.

(Nuestra más reciente charla duró 4 horas 15 minutos. Y la siguiente amenaza con superarla).

Para dialogar se necesitan dos.

Y los diálogos, ya lo sabemos, suelen estar llenos de interrupciones.

La primera vez que hicimos un conversatorio (nombre pomposo de ‘conversación’, que en realidad es un eufemismo) nos interrumpimos varias veces.Y como ese ejercicio fue ante cuatrocientas personas —reunidas en el auditorio del Crowne Plaza de avenida Hermanos Serdán—, las risitas cómplices no escasearon.

Le he dicho al gobernador que cada vez que voy a una de nuestras conversaciones me preparo como si fuese a correr un maratón.

Es decir: duermo bien la noche previa, como poco, hago ejercicios de garganta y de respiración, y corro un poco en la caminadora.

Y es que se requiere tener buena condición física para enfrentar a un hombre agudo, memorioso, directo, sin filtros, irónico y con gran capacidad crítica.

(Sus odiadores carecen del 90 por ciento de sus atributos. Son tan mediocres…).

Una vez frente a él, inevitablemente pongo mis zapatos en puntas: como un Nureyev bailando El Lago de los Cisnes.

En esa posición quedo el tiempo que dure la conversación.

El martes pasado, por ejemplo, estuve así 4 horas 15 minutos.

Una vez concluida, suelto los pies y viene la relajación.

Y es que poner los zapatos en puntas implica entrar en tensión.

Sólo así puedo estar concentrado el tiempo necesario para salir bien librado de la charla.

Hay que decir que la tensión es necesaria antes de salir al escenario.

Es, en otras palabras, un ejercicio de responsabilidad y de compromiso.

Responsabilidad con el espectador o el radioescucha, y compromiso con el acto de dialogar sin caer en los silencios o titubeos o repeticiones —o lugares comunes— que terminan por ensuciar una conversación.

Creo que fue el célebre Richard Burton —actor shakesperiano como pocos— quien dijo que antes de salir a escena entraba en tensión y se ponía nervioso por el compromiso y la responsabilidad tan grandes de representar a un personaje ante el público.

Me ha pasado lo mismo en las cinco conversaciones que hemos tenido el gobernador Barbosa y yo en estos tres años.

No podía ser de otra manera.

Al final, ya en casa, una vez que bajó la hermana adrenalina, me vino un cansancio brutal que me duró dos días seguidos, tal y como si hubiese corrido un maratón.

Horas después supe que el gobernador había empezado el día muy temprano como si nada.

A las siete de la mañana, ya en Casa Aguayo, concedió la primera de varias entrevistas.

Ahora el hipócrita lector sabe ya de qué se trata esto.

A partir de hoy, en las páginas de nuestro periódico y en la web, iremos publicando las partes más destacadas del diálogo que tuve con el gobernador Barbosa días atrás.

De entrada, destaco este revelador fragmento como una prueba del banquete que viene:

MBH: Está por darse a conocer un resultado general de la revisión de las finanzas públicas.

MAM: Ah ¿sí?

MBH: Claro.

MAM: ¿De qué gobierno?

MBH: De los gobiernos anteriores.

MAM: Es decir…

MBH: Es decir…

MAM:  Moreno Valle, ¿todavía?

MBH: Bueno, no él. Ya que descanse en paz.

MAM: ¿Gali?  ¿Tony Gali?

MBH: El manejo financiero…

MAM: El manejo financiero…

MBH: De sus gobiernos. Del 2011 a 2018.

MAM: ¿Lo vas a dar a conocer, gobernador? ¿Pronto?

MBH: Pronto.

MAM: ¿Se puede saber cuándo?

MBH: No. Todavía no.

MAM: ¿Y cómo lo ves? Si pusiéramos colores: ¿verde, amarillo o rojo?

MBH: Este… amarillito todavía… (Risas).

MAM: Amarillito.

MBH: ¡Hay muchos pillos! Se formaron grupos de élite, grupos de ricos. Tú los conoces. Todos los conocen. Grupos de poder, de excesos. En cada administración gubernamental surgían.

MAM: ¿Van a salir nombres en esa investigación?

MBH: Sí. Seguramente sí. Pero son los mismos a los que ya hemos investigado por otros casos.

MAM: O sea que no habrá sorpresas…

MBH: No hay sorpresas. No hay sorpresas.

MAM: Solo hay confirmaciones.

MBH: Sí, claro. Toda la vida pública se deterioró gracias a ellos. Hoy estamos haciendo esfuerzos institucionales, legales, para que el sistema jurídico vuelva a ser la norma en el ejercicio de la vida pública.

MAM: ¿Ese plan anticorrupción lo diseñaste en el 18 o en el 19?

MBH: Se le debe a la sociedad. Imagínense que el primer gobierno de izquierda en Puebla no haya revisado el comportamiento de las funciones públicas de los anteriores gobiernos. Me heredaron 50 mil millones de pesos. Y el enriquecimiento de los que estuvieron ahí fue enorme. Yo no voy a heredar un peso de deuda.

MAM: ¿Qué va a pasar con esos compromisos financieros que se firmaron a 25 años?

MBH: Estoy renegociando deudas. Estoy limpiando, pero se tienen que pagar. Son deudas de 30 a 35 años. Las condiciones que firmó el estado son leoninas. ¿Por qué firmó un estado esto? ¿Por qué firma? Firma porque los que firmaron tienen beneficios. Hoy puedo sospechar que algunos de los que firmaron reciben beneficios del pago mensual que nosotros hacemos. Así de feo.

MAM: ¿Los que firmaron?

MBH: Es una especulación, ¿eh? Son formas financieras muy elaboradas. Así nos dejaron Puebla.

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