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lunes, mayo 16, 2022
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Cartagena, la mágica

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Cartagena de Indias es, sin duda, una de las ciudades amuralladas más bonitas del mundo. Su encanto es incomparable: los colores, la música y el ambiente caribeño la hacen única. Aunque hay buenos hoteles y restaurantes afuera de la ciudad amurallada, nada vale más la pena que quedarse en la Ciudad Vieja.

Cada rincón de la ciudad tiene una historia. Las angostas calles son un espectáculo de balcones de madera tallada, pintados de brillantes colores. La vegetación que cuelga de ellos les da un toque mágico. Puedes imaginar a Florentino Ariza tratando de conquistar a Florentina Daza por estas calles que parecen sacadas de una leyenda.

Fui hace algunos años con una muy buena amiga chilena. Íbamos sólo de paso un par de días de camino a Cali. Desde el momento que pisamos la Ciudad Vieja decidimos que nos quedaríamos más tiempo ahí. Nos hospedamos en un pequeño hotel en una de las callejuelas del centro. El primer día decidimos salir a caminar en cuanto dejamos lo que llevábamos cargando. Por el calor abortamos, después de poco tiempo, la misión de conocer más de Cartagena a esa hora del día. Pero antes nos topamos con algunas palenqueras con vestidos llenos de colores que vendían sandía y otras frutas exóticas. Con el calor que hacía nos cayó de maravilla. Les dicen palenqueras porque vienen de San Basilio Palenque, que fue el primer pueblo de esclavos africanos en América Latina en proclamarse libre. La cultura afrocolombiana pinta todo en Cartagena. 

En la tarde nos sentamos en Café del Mar, un bar sobre la muralla que te permite ver la Ciudad Vieja, de un lado, y el mar, del otro lado.  Hay que llegar antes del atardecer. Éste es, sin duda, el mejor lugar para ver la puesta del sol y tomar algo. El bar cierra hasta las dos de la mañana. Ese día nos fuimos un poco después de la puesta del sol.

Cenamos en el restaurante 1621, ubicado en un exconvento de las hermanas Clarisas, quienes se instalaron en ese inmueble precisamente en ese año. Éste es considerado uno de los mejores restaurantes de Colombia. Sirven una mezcla de cocina francesa con ingredientes locales y sabores caribeños. Pedimos una ensalada de cangrejo con salsa de maracuyá, sopa de tomate fría con langosta y un pescado con una salsa de cacahuate, coco y limonaria. La comida es excelente y el lugar impecable. 

En las noches la música inunda las calles. No importa por donde camines, siempre está pasando algo. Íbamos caminando hacia un bar de cocteles, pero terminamos sentadas, en la banqueta de una de las calles por las que pasamos, escuchando la música y tomando cerveza. Unas horas después llegamos al bar, pero estaba por cerrar.

Fuimos al Café Havana, que está en el barrio de Getsemaní, a las afueras de la ciudad amurallada. La Calle de la Media Luna está llena de bulliciosos bares y restaurantes. La esquina más famosa es la del Café Havana. Llegamos un poco después, casi a las 12, y el bar estaba abarrotado. Nos llevaron hasta los únicos dos bancos disponibles, alrededor de una enorme barra que ocupa el centro del lugar. Del lado derecho, una banda de música cubana no dejaba de tocar. La gente bailaba, sudaba y gritaba. El lugar, a pesar de estar lleno, es de los más agradable. Probablemente tomamos mojitos. 

Juan del Mar es un famoso restaurante de mariscos, aunque hay también una pizzería con el mismo nombre. El dueño es una especie de celebridad en Cartagena. Todo mundo tenía algo que ver con él. El lugar está en una preciosa casa restaurada en la Plaza San Diego. No es pretencioso y la comida es muy buena, y el ambiente mejor.

Despertar en Cartagena es una delicia. Los jugos frescos de frutos exóticos, y las arepas y el café son la manera perfecta de empezar un día. 

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