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viernes, agosto 12, 2022
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De Saint-Exupéry y la justicia

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I. Un árcangel escritor

El 29 de junio de 1900, en Lyon, Francia, nació el autor de El principito, Tierra de los hombres, Vuelo de noche, Correo del Sur y Piloto de Guerra. Sólo 5 libros.

En 1942, en medio de la Segunda Guerra Mundial, cuando se había perdido la esperanza, él habló de la amistad. Su trabajo como piloto aviador en los trayectos Toulouse-Casablanca y Casablanca-Dakar, donde tenía que salvar a sus compañeros pilotos cuando se estrellaban y lo salvaron en las distintas ocasiones en que él se estrelló, le enseñó el valor de la amistad incondicional.

Amó a las mujeres, en especial a Consuelo Suncín, la salvadoreña viuda del escritor guatemalteco Gómez Carrillo, la rosa de El principito. Amó a muchas otras. Huérfano de padre, siempre estuvo rodeado de mujeres, primero su madre y sus hermanas y luego sus amantes. Un hombre grande, un gigante —como Flaubert—. El autor de Madame Bovary, el gigante normando; Saint-Ex, el gigante del sur de Francia.

Sus otros libros también hablan de la amistad, de la fraternidad, de la solidaridad. Como todos saben, le dedicó El principito a su amigo León Werth “cuando era niño”. A su muerte, él escribió: “Fue el árcangel entre el cielo y la tierra, entre las estrellas, en aquella noche en la que, perdido en el espacio, sin saber cuáles luces eran las de la tierra, tuvo que elegir entre los planetas, habiendo extraviado el suyo”. Esta cita la podemos encontrar en el libro: Saint-Exupèry, l’archange et l’écrivain, de Nathalie des Vallières, su sobrina nieta.

Saint-Ex creyó en los hombres. En el mundo de hoy, hay quienes no creen más que en su fanatismo y, por él, están dispuestos a destruir vidas inocentes.

 

II. La justicia

El 7 de enero de 2015, dos hombres enmascarados, armados con fusiles de asalto, entraron a la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo, matando a 12 personas e hiriendo a otras 11. El 11 de enero, dos millones de personas y 40 líderes mundiales participaron en París en una marcha de unidad nacional. La frase Je suis Charlie “yo soy Charlie” fue un lema común de apoyo. Los redactores sobrevivientes, en lugar de amilanarse, publicaron una nueva edición que vendió 7 millones de copias en seis idiomas. El 3 de septiembre de 2020 inició un juicio contra los acusados.

Y el 29 de junio de este año, hace unos días, la corte instaurada para este caso finalmente condenó a los acusados a distintas penas. Al cabecilla le otorgó el más alto castigo de la justicia francesa, una cadena perpetua.

Después de este largo proceso, el poder judicial francés lanza una clara señal: atentados surgidos del fanatismo contra periodistas no serán tolerados.

Las reacciones no se hicieron esperar. Uno de los magistrados señaló: “El proceso ha sido una respuesta a la altura de una democracia digna de ese nombre” (Le Monde, 30 de junio de 2022).

Alguien más señaló: “La justicia es bella”.

La frase me conmovió hasta el tuétano. ¿Cuándo nosotros, mexicanos, podremos decir lo mismo? En este país de feminicidios cometidos en el desierto o en un restaurante de lujo, en el que los malos son protegidos y los buenos atacados, en el que, desde siempre, se ha dicho que una es la justicia para los ricos y otra para los pobres… ¿algún día podremos decir… “La justicia es bella”?

 

III. La esperanza

Los griegos desconfiaban de la esperanza. En la Segunda Guerra Mundial nadie la tenía, Saint-Exupèry sí; confiaba en la humanidad. Confiemos. Esperemos…

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