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jueves, junio 30, 2022
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El Dueto Miseria

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El Dueto Miseria fue el que formaron Pepe Jara y Gilberto Valenzuela.

Ellos sí que pegaron varios éxitos a finales de los sesenta y en los setenta.

Así les pusieron porque eran bajitos, chaparritos, pero al menos dos temas son recordados con nostalgia por algunos y con cariño por otros: Gorda y Dónde estás corazón.

También de ellos es Declárate inocente; No me amenaces; Retírate y Una limosna.

Les encantaba el bolero, pero le entraban gustosos a las rancheras.

El Trovador Solitario, como también le decían a Pepe Jara, fue amigo de Agustín Lara, de Pedro Infante y Amparo Montes.

Y no sólo.

Tenía una colección enorme de amigos.

Entre ellos, dos premios Nobel: Octavio Paz y Gabriel García Márquez.

También lo fue de Carlos Fuentes.

Cosa de andariegos.

***

No, del Dueto Miseria al que me refiero en el título de esta columna es el que forman hoy Marko Cortés Mendoza y Alejandro Moreno Cárdenas.

Markito llegó a la dirigencia nacional del PAN el 19 de noviembre de 2018.

Alito hizo lo propio en la del PRI el 18 de agosto de 2019.

Sobra decir que ambos partidos venían de sufrir una aplastante y, en el caso del PRI, vergonzosa derrota en las presidenciales de 2018. De estar en el poder al tercer lugar.

Desde entonces, el Dueto Miseria lo que ha acumulado son descalabros, una y otra vez.

De todos los tamaños y gustos.

Así que alguien les vendió el boleto para que no sufrieran más penas ajenas.

Les dijeron que sería buena idea juntarse para hacer frente al enemigo común: el presidente Andrés Manuel López Obrador y Morena, su partido, sí, suyo de él.

Y compraron el boletito.

Las penas con pan son menos.

Puede que ya se hayan acostumbrado tanto a perder que ahora ven como triunfo retener Aguascalientes y Durango.

Que hay tiro, dijo uno de ellos a penas conocerse los resultados.

Pero cómo va a haber tiro si perdieron Quintana Roo

¿Entendieron?

Quintana Roo, que después de la Ciudad de México, Nuevo León y Jalisco, es la entidad que más divisas genera, por inversión y por su innegable belleza natural.

Pero no sólo la perdieron. Morena, y su candidata, Mara Lezama, borraron al PRI del mapa.

El partidazo perdió su registro en una entidad que siempre gobernó, incluso con Carlos Joaquín González, primo hermano del exdirigente nacional priista, Pedro Joaquín Coldwell, disfrazado durante los últimos seis años de panista.

¿En serio no les interesaba conservar la joya del turismo en México o es que no podían contra el avance implacable del narcotráfico en Cancún, la Riviera Maya y Tulum?

Lo de Tamaulipas ya lo veía venir Markito. Los panistas siempre supieron que Francisco Javier García Cabeza de Vaca tenía amistades y negocios más que peligrosos.

Que sería un milagro que terminara su gestión sin ser procesado como el primer narcogobernador surgido de las filas del partido que fundaron Manuel Gómez Morín
y otros notables.

Lo supieron siempre. Antes de postularlo como su candidato al gobierno del estado y luego lo confirmaron durante su gestión.

En cambio, Alito juraba que trabajaba para retener Hidalgo, uno de sus bastiones históricos, donde siempre ganaron. Donde nunca se había dado la alternancia.

Eso. Trabajaba para ganar y perdió. Qué cosas.

Algo parecido ocurrió con Oaxaca, donde el priismo apostó por uno de sus cachorros. Como si no hubiera sido suficiente la experiencia del desastroso gobierno de José Murat, repitieron la fórmula con Alejandro, uno de los hijos, entregado desde el primer día a cumplir las instrucciones del presidente de la República.

Un colaboracionista que no necesita una embajada, sino que le aprueben sus cuentas para vivir impune, feliz, feliz.

Las dos últimas semanas han sido durísimas para el exgobernador de Campeche.

Además de perder Oaxaca e Hidalgo, de ser desaparecido del mapa en Quintana Roo, debió enfrentarse al reclamo de once expresidentes nacionales del partidazo.

No un reclamo cualquiera.

Le pidieron su renuncia.

Sin rodeos.

Pero no aceptó.

¿Cómo le hizo?

Les recordó que ellos fueron peores. Que también perdieron elecciones estatales y tres veces la presidencia de la República.

Que las acusaciones sobre corrupción durante su paso por Campeche y su enriquecimiento no es más que una embestida del gobierno federal, el de Layda Sansores, la actual gobernadora de Campeche, y el de medios y periodistas afines al presidente del país, para debilitarlo, para desacreditar su trabajo.

Como si hiciera falta una conspiración en su contra.

Además, les presumió que en las recientes elecciones federales paró a Morena y le impidió tener la mayoría calificada en San Lázaro, como si fuera su logro personal.

Total.

Seguro les recordó que ellos robaron más.

Al final Alito salió casi a hombros, en paz.

Y volvió a repetir que trabaja sin descanso para ganar el Estado de México y Coahuila, que serán importantísimo termómetro para las presidenciales del 2024.

Ya sabe, que trabaja para ganar aunque pierda.

Lo mismo pasa con el otro integrante del Dueto Miseria.

¿Qué méritos tiene Markito para mantenerse al frente del PAN?

¿Haber sido diputado federal dos veces y otra vez senador de la República?

¿O es que pesó más ser el acólito de Gustavo Madero y luego coordinador de la fracasada campaña presidencial de Ricardo Anaya?

Como buen contador público, Marko Cortés sabe que su alianza con el PRI lo único que puede conseguir es que las derrotas se dividan en dos.

Así son más baratas, duelen menos.

El PAN gobernaba (es un decir) Tamaulipas y Quinta Roo (es un decir) y Durango (esa se la quedó ahora un priista aliancista). En Oaxaca y en Hidalgo jamás ha gobernado.

Vamos, que sólo retuvo Aguascalientes como fue su pronóstico inicial.

Todo un éxito. Los panistas están felices con su gestión.

Hay tiro, dicen.

Cuando escuchen sobre el Dueto Miseria, en serio, quédense con el de El Sahuaripa Valenzuela y Pepe Jara.

Lo van a agradecer.

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